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martes 7 de abril de 2009

La tristeza es como la lluvia


La tristeza es como la lluvia: cae, y el panorama se convierte en otro. Puedes fingirte impermeable y salir a la calle o a la vida, pero todo tendrá otro color.

Lo que más te apetece cuando llueve es quedarte dentro, en la seguridad que te dan tus espacios habituales y tus gestos repetidos. Sería tonto obligarte a hacer un picnic bajo la lluvia.
Cuando estás triste también deseas quedarte dentro. Dentro de ti misma, cobijada en tus espacios más íntimos, allá donde la lluvia triste no te moja.

Hay compañías para el sol y compañías para la lluvia.
Las compañías para el sol son más ruidosas y numerosas.
El escenario ideal para la lluvia es una casa acogedora, pocas personas muy cercanas y una cocina activa: el sanctasanctórum del día lluvioso, el taller mágico donde se repara el ánimo en olor de buñuelos.
El lugar de la tristeza también es recogido. Soledad y ventanas cerradas, tinieblas y una cierta obsesión por mirar caer la lluvia al otro lado del cristal.

De pequeña tuve un libro que se llamaba Cómo divertirse en un día de lluvia. Era gordo y muy ilustrado, proponía cantidad de juegos y pasatiempos para hacer dentro de casa. No llegué a hacerlos todos, pero los que hice me encantaron y descubrí que muchos eran divertidos también bajo el sol.
Algún alma buena debería escribir Cómo vivir en un día triste, pequeñas actividades que te hagan olvidar e incluso alegrar de que llueva. Que te demuestren que lo que cae es sólo lluvia, que lo de fuera sigue estando allí sólo que mojado, y que en algún momento se secará y podrás salir a caminar sin paraguas.

Aunque, probablemente, lo mejor sea no hacer nada. La lluvia para cuando tiene que parar, el Talmud habla de dejar que la pena se canse. En vez de cocina o juegos, siesta. La siesta de los días de lluvia, larga y profunda. De ésas que, cuando te levantas, estás confundida y no sabes qué momento del día es. Como si acabaras de nacer.

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martes 10 de marzo de 2009

Un año


Hoy se cumple un año de la primera entrada del Cronosferio.

¿Os acordáis de vuestra primera vez? Emoción e inquietud, deseo de ser visto y temor de ser mal visto, expectación por los primeros ecos... toda una experiencia de juventud.

En este año he aprendido que en la blogosfera no se ven caras pero se ven corazones, he conocido a unas cuantas personas que hoy necesito, me he echado a volar por la red y siempre encontré un par de alas dispuesto a acompañarme. Ha sido un buen año.





a todos, por todo.


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domingo 28 de diciembre de 2008

Año muy nuevo

Hay vida después de los sesenta

Os voy a contar una intimidad y que quede entre nosotros: ayer me encontré con un ex novio mío. No un novio cualquiera sino el que más he querido, el que aún hoy viene a mi mente cada día y continuará viniendo mientras yo viva. Por cursi que suene, el amor de mi vida.

Un abrazo breve, un beso en la mejilla, media sonrisa hola qué tal, estás preciosa. Sé que no es cierto pero creo que él me veía realmente así. Yo también, detrás de su aspecto formal y su bigote entrecano, distinguía a aquel chico pelilargo de veintipocos años que supo ensanchar mi corazón hasta el dolor. Una historia difícil, combatida. Y hace tanto tiempo.

Tomamos un café juntos, charlamos un rato largo y, de repente, me tomó las manos y, con los ojos encendidos, me dijo:

- Hagamos una locura.

- ¿Por ejemplo?

- Una escapada de fin de año, sin rumbo fijo. Cojamos una carretera cualquiera y viajemos hasta donde sea, un hotelito cómodo o incluso un área de servicio, lo que cuenta es estar juntos y solos, como antes.

No quise resistirme. Alguna vez hay que tener una aventura y éste era el momento. Una fuga romántica, un tributo a aquellas noches, viejas y nuevas, que los dos llevamos para siempre en el corazón.

Quedamos en salir el 31 por la mañana, así tendremos tiempo de comer tranquilos y buscar un sitio amable donde esperar el año nuevo. Tan nuevo como los pocos que pasamos juntos siendo novios. Tan pleno como los que transcurrieron desde que dejamos de serlo, aquel día de hace treinta y tres años en que nos intercambiamos promesas ante un funcionario y un cura.

Después de tanto tiempo haciendo felizmente de padres, otra vez solos, otra vez novios. Como antes.

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jueves 18 de diciembre de 2008

Sincronicidad: 2 x 1

Hace algunas semanas fui a un supermercado, vi arándanos desecados y me prometí comprarlos otro día. Volví a buscarlos pero ya no quedaban, y lo lamenté porque pensaba incluirlos en un plato de Nochebuena.

Al día siguiente fuimos a la casa de uno de nuestros hijos a saludarlo por su cumpleaños. Le dimos el regalo, que era un reproductor de música para el cuarto de baño, y puso una cara de sorpresa y maravilla: él tenía uno y lo usaba a diario, pero se le había roto sin remedio una semana atrás.

Sacó unos pica-pica y me alargó una bolsita diciendo que me iba a gustar. Eran frutos del bosque desecados, de otro supermercado. Espera, me dijo, tengo otra bolsa sin abrir, llévatela. Pero eso sí, no son surtidos como éstos sino sólo arándanos.

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sábado 6 de diciembre de 2008

Las razones de un nombre II (aprender de los jóvenes)


En el primer post de este blog comentaba la incomodidad que me causaba tener tantos nombres -todos puestos por otros- y la necesidad final de buscarme uno que sintiera mío.

Una de las cosas que más me fastidiaban era sentirme invadida por todas las personas que me habían atribuido un nombre, como si al hacerlo hubiesen reclamado una porción de mí misma. Me veía como un mapa con banderitas clavadas y, por supuesto, me sentía una especie de víctima.

Además, mi razonamiento me parecía de una lógica inapelable.

Hasta que, hace pocos días, una lectora me mostró un punto de vista diametralmente opuesto. Según Loreleï, sería maravilloso tener un nombre diferente para cada persona que conocemos. Así podríamos dar a cada uno la parte de nosotros que le toca (jugando con los demás) y reservar al mismo tiempo nuestra identidad, que es infinita.

Y con esto llegó mi segundo deslumbramiento, después del que sentí con el libro de los gatos de T. S. Eliot. Perdoné a mis colonizadores y sentí por ellos una amable sensación de cercanía. Al fin y al cabo, ponerle marca registrada a una parte de mí no fue una invasión sino un honor.

Va de sí que los nombres son un simbolismo -aparentemente banal- de algo mucho más vasto. Se trata de dar sin darse, de administrar las relaciones para que nadie ocupe ni un milímetro más de la cuota que le corresponde pero, al mismo tiempo, disponga libremente de ella porque yo he querido que fuera suya. Se trata de entender que nuestra identidad infinita nos pertenece por completo aunque concedamos el usufructo de algunas facetas a determinadas personas.

He querido contar esto porque Loreleï es muy, muy joven. Y que alguien con tan pocos años me haga cambiar tanto y tan rápido de opinión significa que el mundo marcha bien, que nuestros relevos nos superan y que, con suerte y buena voluntad, el futuro puede ser mejor.

Un beso, Loreleï, y gracias otra vez.

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jueves 27 de noviembre de 2008

I love Drea

Drea, la mamá de los cerditos de Carne Rosa, me ha entregado el premio I love your blog.

La norma de este blog es no aceptar premios, así que lo he puesto en la caja de cristal donde guardo los buenos recuerdos.

Tendría que entregárselo a siete blogs pero I love más de siete, así que lo comparto con todos los blogueros que día tras día me regalan sonrisas y motivos para pensar.

Gracias Drea querida, me has hecho muy feliz.

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martes 25 de noviembre de 2008

Tiempo de cosecha

Alguien dijo que "el otoño es el período más hermoso del año, así como la madurez lo es de la vida, pero no nos apetecen por lo que viene después".

El profesor Chang enseñaba que, en la filosofía china, el otoño es el tiempo de recoger lo que hemos sembrado en primavera y visto crecer en verano.

Y que el invierno es el momento de guardar y descansar, en espera de un nuevo ciclo.

El presente me regala los colores del otoño y el sosiego de los años.

Y en ese futuro tan temido, después de haber trabajado todo un año, toda una vida, ¿a quién no le apetece guardar y descansar?

Y soñar en placidez con el próximo ciclo.


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martes 4 de noviembre de 2008

Detrás de los cristales llueve y llueve



Desde hace muchos años, cuando veo caer la lluvia y digo "llueve", me vienen a la mente --y a veces a la boca-- las palabras del título. Aquel Serrat de mi juventud y de la suya se ha metido en mi historia.

Entonces, al menos en Argentina, no podías ser joven y que no te gustara. "Canta mal" decían los mayores. "Pero dice tan bien..." contestábamos nosotros.

Hasta que un día comenzó a apagarse, perdió la magia, bajó del Olimpo de los dioses para subirse al olimpo de cartón de los hombres saciados. Se convirtió en el padre burgués de aquel jovencito de chupa negra que ocupaba tantas de nuestras mejores horas.

Todo es como debe ser: él ya no nos necesita y nosotros hemos aprendido a prescindir de él. De alguna manera, nos hemos dejado libres.

Pero mientras viva seguiré lagrimeando con Poema de amor y Aquellas pequeñas cosas, diciendo frases que ya son mías, como "niño, deja ya de romper con la pelota" o "entre esos tipos y yo hay algo personal". Y recordando los chopos medio deshojados cada vez que, como hoy, llueva en otoño.

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domingo 26 de octubre de 2008

Regalo del bosque


Cienes y cienes, qué digo cienes: cienes de miles y más.
Estoy viendo rojo porque el nivel de lo ingerido me llega a las pupilas.
Dicen que emborrachan, será por eso que he quedado tan contenta.
El domingo próximo vuelvo.

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Pistas para despistados: Madrid, osa, sombrero, colgar
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martes 23 de septiembre de 2008

Como la cigarra



Aquí estoy, por fin de regreso y no sólo al blog. Vuelvo de muchas cosas hacia muchas otras. Ha sido un tiempo de asombro y crecimiento, de pesadillas y despertares.

He manejado palabras viejas como ansiedad, pánico y depresión. Y aprendí una palabra nueva y fea, que es despersonalización. Supe que, cuando algo se rompe, se pueden pegar los trozos pero ya no queda igual. Y que no queda igual pero, por suerte, se pueden pegar los trozos.

En estos meses recibí tanto cariño que, en vez de seguir cayendo, aprendí a volar más alto. La amorosa y diaria paciencia de N, el apoyo sereno y comprometido de Pili, las píldoras de Pato, me llamaban continuamente hacia el mundo de los vivos. También viajé y fue milagroso: en las playas de Normandía el alma se expande hasta las puertas del infinito.

Si os cuento estas cosas es porque quiero agradecer a quienes me han dado su valioso afecto en los blogs y por email. No veo la hora de reencontrarme con mis queridas "vecinas" Pujaita, Elena y Mar, con Sol Lunar, Sweetgirl y Kalista, que me visitaron en los días de lluvia. Y con muchos otros habitantes de este barrio nuestro a quienes no nombro pero tampoco olvido.

Y una vibración especial de mi corazón para Anita por su compañía silente y asidua, de ésas que se guardan en la memoria como leña para el invierno.

Ahora sí, que suene la orquesta y ¡arriba el telón!

jueves 3 de julio de 2008

Como el sol cuando amanece

El 31 de diciembre de 1972 me picaron un montón de hormigas rojas, hice un edema de glotis con paro respiratorio y el médico me reanimó justo a tiempo con una inyección, mientras sostenía con la otra mano el bisturí para hacerme la traqueotomía.

Esa nochevieja fue nochenueva, tenía 24 años y por primera vez creí en mi muerte. Y al día siguiente me descubrí la primera cana. O me vino del susto como a María Antonieta o, por una extraña conjunción, las dos cosas se unieron para reforzar mi flamante conciencia de criatura efímera.

Alrededor de los treinta empecé a teñirme y desde los cuarenta fue una lucha sin cuartel en la cual las canas iban ganando cada vez más terreno. Ahora lo ocupan casi todo y, con la sencillez que viste de blanco a las verdades, he comprendido que forman parte de mí.

Ayer a las 15:30 entré a la peluquería. Me tiñeron de mi castaño oscuro original -tan distinto del rubio de las últimas décadas- e inmediatamente después me hicieron una infinidad de mechas blancas. Entre ellas irán creciendo mis canas, libres como yo, hasta que no quede nada de lo artificial que nos separaba.

Un pequeño paso para la humanidad, pero un gran paso para una mujer.


martes 1 de julio de 2008

Que sepan Los Fulanos...


que yo hoy quería incrustar su Kiss en mi blog para compartirlo con la gente linda que me visita, pero resulta que no tienen ni un vídeo decente en youtube. Ciertos amores son incondicionales, pero si no hacen algo acabaré por quererlos unos miligramos menos.

Así que no tengo más remedio que invitaros a escuchar Kiss aquí, con el volumen a tope y una birra en la mesa, que si la tenéis en la mano se os volcará. Después, los más vintage podréis escuchar El Gato por el mítico Peret, ambos fulanizados.

¡Enga, fuera zapatos y remilgos que esto es boogalooterapia!
Y si os gustan, mirad el calendario de conciertos.
¿A que estaría bueno encontrarnos en uno?

o o o o o O o o o o o

Ya sé que había hablado de ellos en otro post, pero es que me ha dado el brote periódico de fulanofilia. De cualquier forma, si no os gustan os perdono.

viernes 27 de junio de 2008

Por lana y trasquilada

1) Sufro el famoso burn-out. De golpe no pude más trabajar, mi mente se niega a pensar y si intento convencerla contraataca con un fuerte dolor de cabeza. No entiendo lo que leo, y mi trabajo consiste en leer y escribir. Se veía venir y lo hablé en varias ocasiones con mi médica de cabecera pero no le importó un pepino. Si no se puede medir con un aparato no existe, y si no existe no fastidies. Ayer devolví los trabajos que tenía que entregar en julio y agosto. Si no trabajo no cobro, si no cobro no como, si me desnutro puede ser que mi médica me considere.

2) Periódicamente tengo unos desfallecimientos que me duran varios días. Cuando empiezan siento que la vida se me va del cuerpo. Es aterrador y ahora estoy pasando por uno de los peores que recuerdo. Mi médica de cabecera no tiene turnos disponibles porque ha adelantado sus vacaciones. Acepto que me vea la suplente, llego y la tía me suelta que ella está solamente para atender urgencias en ausencia de la titular. O sea que, cuando mi médica se va de vacaciones, nadie la reemplaza y sólo tengo derecho a que me atiendan por urgencias.

Pues bien, ya que atiende urgencias, le planteo el problema del desfallecimiento.

- ¿Se ha hecho analíticas y electrocardiograma?
- Sí y dio todo bien.
- Entonces es de lo mismo.
- Pero mire que estos desfallecimientos los tengo desde hace más de diez años y nadie ha sabido encontrarles la causa. Estoy segura de que no es psicosomático sino por alguna carencia.
- Pero si se ha hecho las analíticas, ¿qué carencia va a tener?
- De algo que no me han analizado.

Insiste en que ella está para urgencias y que lo único que puede hacer es darme hora para mi médica de cabecera... que ahora no tiene turnos libres y después se va de vacaciones y yo mientras tanto he devuelto mis trabajos y no cobraré hasta que ella vuelva y, supuestamente, me arregle lo necesario para ponerme otra vez en marcha. Pero también puedo ir al servicio de urgencias de psiquiatría del hospital.

No me quedaban fuerzas para discutir, además para qué.

miércoles 25 de junio de 2008

Mi doble


Cuenta una leyenda urbana que, si alguien se topa cara a cara con su doble, se muere.

Cuando era joven, en mi ciudad había una chica que se me parecía mucho. Por lo que me contaban, éramos prácticamente idénticas. Varios amigos míos se cruzaron con ella, la saludaron y, al notar su desconcierto, la miraron con más atención y se dieron cuenta de que no era yo. De vez en cuando alguien me decía te he visto en tal lugar y yo pensaba otra vez ella. Alguien le chivó una vez a mi pareja que me había visto con otro, le conté la historia y no quedó muy convencido, aunque le ofrecí presentarle a algunos testigos.

Supongo que a ella le sucedería lo mismo. Es que no tenía solamente mi edad y mi físico sino también mi pelo y mi estilo de vestir, y además andaba por los mismos lugares que yo. Pedí a todos que la próxima vez la pararan y le dieran mi número de teléfono, pero nunca sucedió.

Alrededor de los treinta años habremos cambiado porque nunca más me hablaron de ella. Más tarde me fui del país y me olvidé por completo del asunto.

Hasta que, hace un tiempo, con 55 años y un aspecto totalmente distinto del que tenía en mi juventud, volví a mi ciudad. A los pocos días, un amigo y su hija me contaron que “me” habían visto en un bar. Estaban a tres mesas de distancia y se pasaron un rato discutiendo si era yo o no. Finalmente, él se acercó y comprobó que era “la otra”, pero igual a mí también de cerca. Tiene unos kilos de más como yo, mi corte de cabello y mi tipo de ropa, que son opuestos a los que llevábamos en nuestra juventud. Cabe la posibilidad de que fuera una tercera persona, pero prefiero pensar que seguimos siendo las mismas: dos paralelas que nos encontraremos en el infinito, después de vernos por primera vez frente a frente.

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martes 24 de junio de 2008

Nina Samsa






Me desperté convertida en un caracol con baba de Silastic. De espaldas, como es de rigor en estos casos.

No tengo prisa, así que estoy esperando a que alguien me patee.
Si caigo de lomo seguiré viendo el mundo al revés pero desde otra parte. Si caigo de pie veré las cosas al derecho pero me quedaré pegada, ojalá esté fuera de la carretera y tenga buenas vistas.

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domingo 22 de junio de 2008

Receta infalible para adelgazar II


Domingo feliz, he bajado 3 kg, alrededor de 1 kg por semana. Como menos y no paso hambre. Ahora sé que llegaré a mi peso ideal. Nunca más dieta, nunca más privarme de nada, nunca más pensar si para tal fecha podré bajar algunos kilos. Libre por primera vez desde que tenía 14 años.

Seguiremos hablando del tema.

viernes 20 de junio de 2008

El síndrome de Humpty Dumpty


Humpty Dumpty sat on a wall.
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
Couldn't put Humpty together again.

Humpty Dumpty se sentó en lo alto de un muro
y se cayó con un gran golpe al suelo.
Ni los caballos ni los hombres del rey
pudieron armarlo de nuevo.

Esta rima infantil inglesa era un acertijo (la solución era que Humpty Dumpty es un huevo) pero dejó de serlo cuando Lewis Carrol incluyó al personaje en Alicia y todos le vimos la cara.

(Si no se hubiese trepado al muro, no se habría caído. ¿Por qué un huevo se pone en peligro? ¿Acaso no tiene conciencia de su fragilidad?)

o o o o o O o o o o o

Humpty Dumpty entiende el trabajoso poema Jabberwocky, que Carrol compuso con palabras inventadas.
Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
Explica a Alicia algunas de esas palabras. Él comprende el sinsentido, quizá porque es un huevo sentado en lo alto de un muro. Y así es lógico que se caiga porque, para él, ni un muro es un muro ni un huevo es un huevo. Y también es normal que después no tenga arreglo, es que no se puede ir por la vida entendiendo lo que otros no ven, explicando lo inexplicable y, para colmo, envuelto en una cáscara.

o o o o o O o o o o o

Pero Humpty también es un pedante, probablemente crea que la altura no es del muro sino suya propia, y de aquí a caerse sólo hay un paso. La pregunta sería: ¿es mejor ser un huevo pedante despachurrado en el país de las maravillas o un huevo entero echado en la paja del gallinero?

No importa, mañana será verano.

jueves 12 de junio de 2008

En un rincón, en un papel o en un cajón

Anoche, buscando algo para leer, me topé con un librito ajado y descolorido que no abría desde hacía mucho tiempo. Es Cuarta poesía vertical, de Roberto Juarroz, y tiene una dedicatoria fechada en Navidad de 1972. Comienzo a hojearlo y me asaltan unos cercos vehementes -eso sí, hechos con lápiz- en poemas que amé o incluso detesté. Veo que lo he releído con distintos estados de ánimo, descubro una anotación "soy feliz" y sonrío al ver la fecha (N. también sonreirá cuando la vea).

Encuentro versos que se habían quedado conmigo y que ya forman parte de mis ideas, como:

Las palabras son pequeñas palancas,
pero no hemos encontrado todavía su punto de apoyo
.

o estos otros, dedicados a Antonio Porchia y que tantas veces me ha tocado recordar en estos treinta y cinco años:

Hemos amado juntos tantas cosas
que es difícil amarlas separados

Entresaco estrofas resaltadas:

Traigo en una mano el hato de no haberme muerto
y en la otra el de ir a morirme.
Traigo tu claridad como un espejo,
traigo tu sombra como otro espejo de ese espejo.


o o o o O o o o o
en este neto oficio
de pescadores que no pescan el pez
sino la pérdida del pez,
hasta llegar a pescar la propia pérdida.

Y me quedo con un poema que no está marcado y que, para empezar el día, quiero compartir con ustedes. Es el número 24 y está dedicado a Laura.

Si conociéramos el punto
donde va a romperse algo,
donde se cortará el hilo de los besos,
donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada,
donde el corazón saltará hacia otro sitio,
podríamos poner otro punto sobre ese punto
o por lo menos acompañarlo al romperse.

Si conociéramos el punto
donde algo va a fundirse con algo,
donde el desierto se encontrará con la lluvia,
donde el abrazo se tocará con la vida,
donde mi muerte se aproximará a la tuya,
podríamos desenvolver ese punto como una serpentina
o por lo menos cantarlo hasta morirnos.

Si conociéramos el punto
donde algo será siempre ese algo,
donde el hueso no olvidará a la carne,
donde la fuente es madre de otra fuente,
donde el pasado nunca será pasado,
podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros
o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro.

Que sean felices.

martes 10 de junio de 2008

I wish you love (nostalgia party)

Tiempo de escucha total aproximado 5 minutos (imprescindible).
Preparado de liberación retardada, el efecto puede durar todo el día. Produce acostumbramiento.

o o o o o O o o o o o

Hoy estoy romanticona, es que llevamos varios días de lluvia y necesito ponerme a tono con el tiempo. Por si alguien más anda en eso, he preparado un nostalgia party e invito a todos a compartir un momento de melancolía, ese arrobamiento nebuloso que alguien definió como la felicidad de estar triste.

o o o o o O o o o o o

N. es el chico de los discos y ha elegido esta canción, que bien podríamos subtitular El que tuvo retuvo (incombustible Engelbert Humperdinck).



Bajemos las luces, abracémonos cada uno con su cada cual y bailemos en una baldosa diciéndonos...

Te deseo pájaros azules en primavera
que pongan música en tu corazón
Y también un beso, pero más aún
Te deseo amor.

Te deseo un cobijo en la tormenta
y el fuego de un hogar que te dé calor,
Pero sobre todo, cuando caiga la nieve,
Te deseo amor.

Después, con una copa en una mano y la otra mano en otra mano, escuchemos el tema por su autor, el mítico Charles Trenet que me acompaña desde mi infancia (estamos entre amigos, así que se permiten risas porque ma jeunesse suena a mayonesa).



Un pensamiento fugaz en las cosas perdidas, aunque más no sea para justificar la nostalgia, y después a casa.
.
.
.
Te acompaño a la puerta... Por favor, gracias a ti por venir. Nos hablamos, eh. Cuídate mucho. Y ya sabes que I wish you love.

domingo 1 de junio de 2008

El gato del garaje


En el garaje de nuestro edificio se ha instalado un gato. Es un ejemplar joven y bastante huidizo, que campa a sus anchas en un espacio de media manzana con cien coches dentro. No hay olor ni caquitas porque el tío lo hace todo fuera. Cuando quiere salir o entrar, espera junto al portón hasta que alguien lo abre. Pocos gatos y hasta pocos humanos tienen la vida tan arreglada: un lugar amplio y seguro, el calor de los motores recién apagados, tal vez algún ratón y, lo mejor de todo, libertad porque ni tiene amo ni lo necesita. Esta mañana encontramos sus huellas en el techo de nuestro coche y me siento agraciada.