domingo 28 de febrero de 2010

Uno y siete

 

He conocido a un niño que tenía siete años. Vivía en Roma, se llamaba Paolo, y su padre era un tranviario.
   
Pero vivía también en París, se llamaba Jean, y su padre trabajaba en una fábrica de automóviles.
   
Pero vivía también en Berlín, y allá arriba se llamaba Kart, y su padre era un profesor de violonchelo.
   
Pero vivía también en Moscú, se llamaba Yuri, como Gagarin, y su padre era albañil y estudiaba  matemáticas.
   
Pero vivía también en Nueva York, se llamaba Jimmy, y su padre tenía una gasolinera.
   
¿Cuántos he dicho ya? Cinco. Me faltan dos:
   
Uno se llamaba Ciú, vivía en Shangai y su padre era un pescador; el último se llamaba Pablo, vivía en Buenos Aires, y su padre era escalador.
   
Paolo, Jean, Kart, Yuri, Jimmy, Ciú y Pablo eran siete pero siempre el mismo niño que tenía ocho años, sabía ya leer y escribir y andaba en bicicleta sin apoyar las manos en el manillar.
   
Paolo era trigueño, Jean era blanco y Kart, castaño, pero eran el mismo niño. Yuri tenía la piel blanca, Ciú la tenía amarilla, pero eran el mismo niño. Pablo iba al cine en español y Jimmy en inglés, pero eran el mismo niño, y reían en el mismo idioma.
   
Ahora han crecido los siete, y no podrán hacerse la guerra, porque los siete son una sola persona.

Gianni Rodari

2 comentarios:

Montse dijo...

Los ojos de los niños lo ven todo de la misma manera, les gustan las mismas cosas y tienen las mismas ilusiones. Es un solo niño el que pide a gritos que los mayores consigamos vivir en paz.

Precioso cuento, Nina, un mundo mejor es posible si lo miramos con mirada infantil.

Me gusta el nuevo diseño del blog ¡está bonito!
Un beso, guapa.

Nina Maguid dijo...

Si entendiéramos que todos somos uno, sería imposible hacernos la guerra.
Me alegro de que te haya gustado el cuento, Gianni Rodari fue un maestro para los niños y para sus padres.
Y me encanta que te guste la nueva decoración, estoy empezando a jugar con estas cosas y es muy divertido!
Besos a ti, que estás siempre cerca.