viernes 6 de marzo de 2009

La tienda de la verdad (más Anthony de Mello)

El hombre caminaba paseando por aquellas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y entonces se detenía algunos instantes en cada escaparate, en cada negocio, en cada plaza.

A la vuelta de una esquina se encontró frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco; intrigado se acercó al escaparate y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro, en el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: «Tienda de la verdad».

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

-Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

-Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto fuera posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

-Verdad completa-
contestó el hombre sin dudarlo. Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones, pensó, no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones.
-¡Verdad plena!- ratificó.

-Bien, señor, sígame.

La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de
rostro adusto, le dijo:

-El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y esperó a que el hombre hablara.

-Vengo a comprar la verdad completa.

-Ajá, perdón, ¿el señor sabe el precio?

-No, ¿cuál es?,
contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por la verdad.

-Si usted se la lleva
, dijo el vendedor, el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.

-Gra...gracias, disculpe...
balbuceó.

Se dio la vuelta y salió del negocio mirando el piso.

Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.

-
Quizá más adelante, pensó.


copiado de aquí

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7 comentarios:

Drea dijo...

Me ha encantado.

Montse dijo...

Fabuloso relato, Nina.
El hombre ya sabía la verdad al reconocer que no está preparado para ella.
Nadie lo está.
Un beso.

Lynky dijo...

Está muy bieen. Yo tampoco hubiese comprado la verdad completa... pero pequeñas verdades, sí. Nunca está mal saber quién te engaña.
Cariñosos saludos!

Kato dijo...

es posible que no esté preparado para la verdad absoluta... pero si estoy dispuesto a escucharla y saber de ella :D

Nina Maguid dijo...

Drea, Montse, Linky: Kato prefiere conocer la verdad, ¿lo dejamos que vaya él y después nos cuente?
Kato: creo que estás por convertirte en nuestro héroe.

besos de verdad a los cuatro

Lynky dijo...

Jajaja, que nos cuente.
Yo no quiero saberla, más de la mitad serían cosas malas, fijo. xD

Nina Maguid dijo...

Kato, me parece que aquí te están llamando!
Linky, la verdad es como el gimnasio, se empieza con poco y, cuando crecen los músculos, se prueba con algo más pesado. ;-)